Durante su primera visita al Santuario de la Virgen de Guadalupe, Mons. José Ignacio Munilla compartió una reflexión sobre la maternidad de María y la relacionó con uno de los momentos más conmovedores de la Pasión de Cristo: el encuentro entre Jesús y su Madre camino al Calvario.

Para el Obispo de Orihuela-Alicante, visitar por primera vez este santuario el 22 de agosto, fiesta de María Reina, fue un regalo de Dios que había esperado durante mucho tiempo. Allí recordó una de las frases más consoladoras de la Virgen de Guadalupe: “¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre?”.

Mons. Munilla explicó que estas palabras han acompañado a numerosos cristianos en momentos de prueba, miedo y angustia.

“Ha sido frase de consuelo, frase de fortaleza, por la que hemos experimentado el consuelo, el consuelo de Dios a través de la maternidad de María”, señaló.

María, Madre que acompaña en el sufrimiento

Mons. Munilla relacionó las palabras de la Guadalupana con una de las escenas más conmovedoras de la Pasión de Cristo. Para explicar esta conexión, recordó una de las escenas de la película dirigida por Mel Gibson, en la que María se encuentra con Jesús mientras lleva la Cruz y recuerda un momento de su infancia.

“Si recuerdan ustedes ese episodio entrañable también de la película de Mel Gibson, en el que Jesús, camino de la cruz, se encuentra con su madre, y allí María rememora el momento en el que Jesús, siendo pequeño, también acudía a ella en petición de auxilio cuando tenía un contratiempo”.

Para Mons. Munilla, esta escena ayuda a comprender que María nos conduce hacia una actitud fundamental en la vida cristiana: la confianza y el abandono en Dios. 

“Sí, María es para nosotros el don de Dios para vencer nuestros miedos, para practicar lo más importante que podemos practicar en nuestra vida como una consecuencia bien concreta de nuestra fe, que es la confianza, el acto de confianza. Estamos en manos de Dios. María nos enseña a abandonarnos en sus manos”.

El obispo también recordó que son numerosas las personas que llegan al Santuario de Guadalupe cargando preocupaciones, angustias y sufrimientos. Ante esas situaciones, explicó, el mensaje de María es una invitación a poner todo en las manos de Dios.

“Aprende a confiar. Venga, ofrece eso que tienes. Ofrece eso que te preocupa. Ofrécelo. Ponlo en las manos de Dios y aprende a confiar”, exhortó.

Este abandono en la Divina Providencia, agregó, es “el signo más realista de la autenticidad de la fe”.

“Estamos cuidados por María. El don de María, la maternidad espiritual de María, es el mayor regalo que Cristo nos ha hecho. Es su gran testamento. El Gran Testamento de Cristo es la maternidad espiritual de María, además del don del Espíritu Santo”, afirmó.

María Reina quiere que Cristo reine en nuestro corazón

Durante su reflexión, Mons. Munilla también se refirió a la celebración de María Reina y destacó su estrecha relación con Cristo Rey. 

El obispo explicó que reconocer a Jesucristo como Rey no consiste únicamente en proclamar su señorío sobre el universo, sino también en permitir que reine verdaderamente en el corazón de cada persona.

“Tenemos que reconocerle y descubrirle como rey de nuestro corazón, y que en nuestro corazón no haya idolatrías, que en nuestro corazón haya un único Señor que sea Jesucristo”, afirmó.

En este sentido, María tiene una misión fundamental: ayudarnos a purificar nuestro corazón de todo aquello que impide que Cristo ocupe el primer lugar.

“María Reina nos quiere ayudar en esa gran educación de nuestro corazón, purificar todo aquello que haya en nosotros de apegos por los cuales no le permitimos a Cristo ser rey de nuestros corazones. María quiere que Cristo reine en nuestros corazones”.

Para Mons. Munilla, contemplar a María permite descubrir también lo que Dios quiere realizar en cada uno de sus hijos. Las celebraciones marianas, señaló, están profundamente vinculadas al misterio de Cristo y nos ayudan a comprender la obra que Dios quiere realizar en nosotros.

Por eso, dejó una invitación concreta:

“Mira a María y ve en ella lo que Cristo quiere hacer en ti. Quiere hacer que en nosotros reine solo la gloria de Dios. Y para eso queremos purificarnos y decirle: ‘Madre, aquí tengo mis rencores, aquí tengo mis envidias, mis celos, mis impurezas. Tú sabes, madre, qué es lo que impide que Cristo reine en mí. Purifícalo, madre. Sé instrumento de Dios para que Cristo reine en mí’”.

Escucha la homilía completa:

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