Entre el dolor y la gratitud, Fidel comparte un testimonio que ha conmovido a toda España. Tras el choque de trenes que le arrebató a su madre, señala que ella iba rezando el Rosario en sus últimos momentos y cree que ofreció su vida a Dios para proteger a su familia.

Fidel, vecino de Huelva (España), perdió a su madre en la tragedia ferroviaria que ha dejado al menos 41 fallecidos. En la entrevista concedida al programa “Espejo Público", relató que su familia viajaba en uno de los vagones donde se registraron más víctimas mortales. A pesar de ello, su hermano, su sobrino y sus dos hijos lograron sobrevivir.

Sus hijos permanecen ingresados en el hospital, mientras que su hermano ha sido desentubado recientemente y se encuentra fuera de peligro. En medio del sufrimiento, Fidel decidió compartir su historia con la esperanza de ayudar a otros a no dejar pasar lo que realmente importa en la vida.

“Si lo que estamos viviendo muchas familias sirve, este testimonio, para que la sociedad y el ser humano nos demos cuenta que muchas veces vamos erróneos, deambulando por la vida, y no le damos realmente importancia a las cosas bonitas que el Señor nos regala. Si esto sirve para que tome conciencia la gente, pues encantado de estar aquí contigo”, expresó durante la entrevista.

Fidel compartió que este verano, tras vender un pequeño terreno, su madre decidió llevar a toda la familia de crucero. Como uno de sus hijos no pudo acompañarlos, ella quiso tener un gesto especial: viajar a Madrid para ver el musical El Rey León junto a sus nietos, de 9, 10 y 12 años.

El fin de semana fue inolvidable, pero todo cambió al regresar a Huelva. Ese domingo, Fidel esperaba a su familia, cuando recibió una llamada de un policía local que le dijo que habían rescatado a su hija de uno de los trenes.

El Rosario y un acto de amor ofrecido a Dios

Fidel relató que su familia logró salvarse pese a viajar en uno de los vagones más afectados del accidente, algo que incluso los presentadores del programa calificaron como un milagro, y que la familia atribuye a la oración constante de su madre.

Luis Carlos, su hermano,permaneció atrapado durante una hora y media entre los hierros del tren. “A mí se me iba la vida, yo me asfixiaba, los hierros encima; con los pies tocaba cadáveres”, le contó a su hermano. Aun así, con sus propios pies, logró ayudar a los niños a salir por la ventana.

“Mi madre era muy religiosa, está en muchos grupos cristianos aquí en Huelva. Nosotros también somos muy cofrades, muy rocieros, en fin, que somos personas que nos agarramos a la fe, desde que mi madre me lo inculcó. Mi madre iba rezando el Rosario en ese momento.
Y yo estoy seguro que mi madre ha hecho que el amor de su vida, que es Jesús de Nazareth, hiciera el milagro de decir: ‘oye, llévame a mí, deja a mi a mis nietos aquí, deja a mi hijo aquí’, y es lo que ha sucedido”, resaltó.

Convencido de que este testimonio no podía quedar oculto, Luis Carlos animó a Fidel a compartirlo públicamente para ayudar a otros a redescubrir el verdadero valor de la familia.

“Mi hermano me dice: ‘Fidel, tienes que contarlo, porque la sociedad tiene que saber que muchas veces vamos muy equivocados y le damos valor a cosas banales, cosas que no tienen sentido, nos enfadamos sin necesidad con los familiares y la vida en cualquier momento se va’.
Yo muchas veces me voy de mi casa, me voy a ver a mi madre, voy a comer con ella y me voy sin darle un beso y digo ostras tío qué equivocación, porque ahora ya no la puedo oler más, no la puedo sentir, no la puedo tocar, no puedo ver cómo se me va haciendo viejita y chiquitita, porque ya cada vez iba menos, digo ostras cada vez abrazo mejor a mi madre, ya eso no lo puedo hacer.
Y el que pueda hacerlo que lo aproveche, porque la vida en cualquier momento te da un vuelco, te golpea y te dice: ‘pon los pies en la tierra y valora lo que tienes, porque en cualquier momento lo pierdes’”.

Fidel reconoce que atraviesa momentos muy difíciles y que este tipo de golpes puede poner a prueba incluso los cimientos de la fe. Sin embargo, afirma que precisamente es a Dios a quien se aferra en este momento.

“Aunque mi madre no se ha ido de la manera que ella merecía, al final se han quedado los chicos, que son los que tienen una vida por delante, y mi madre es la que ya goza de la grandeza del Señor, y es donde Él ha considerado que ella tiene que estar ahora”, expresó.

“No somos protagonistas de nada”, insistió, agradeciendo las muestras de solidaridad recibidas desde distintos puntos de España. Para él, esta tragedia ha revelado también el rostro más humano del país: la cercanía, la compasión y la capacidad de unirse en el sufrimiento.

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