En lo alto de una colina en Italia, un pequeño santuario resguarda la historia de una devoción singular: la Virgen de Ghisallo. Esta querida advocación mariana fue proclamada patrona de los ciclistas por el Papa Pío XII. Aquí te contamos su historia.
Ubicado cerca del lago de Como, en la localidad de Magreglio, el Santuario de la Madonna del Ghisallo se ha convertido en un punto de referencia tanto para peregrinos como para amantes del ciclismo.
La devoción se remonta al siglo XII. Según la tradición, el conde de Ghisallo que viajaba por la zona encontró una imagen de la Virgen María en el bosque. Poco después, fue atacado por bandidos y, en medio del peligro, invocó la protección de aquella imagen que había hallado. Los agresores se dispersaron y, en agradecimiento, el conde mandó construir una capilla en el lugar donde recibió la ayuda de la Madre de Dios.
“Durante 900 años, la capilla de Ghisallo fue un santuario de montaña poco conocido. Todo cambió con la primera edición del Giro de Lombardía en 1905”, señala National Catholic Register.

La mayoría de los participantes eran italianos y católicos, y encontrar una pequeña capilla dedicada a la Virgen en la cima de una subida exigente tocó profundamente sus corazones.
“Desde entonces, los ciclistas comenzaron a hacer de Ghisallo un destino, deteniéndose en el santuario para descansar y rezar a la Virgen por el éxito en las próximas carreras”.
Patrona de los ciclistas
En la década de 1940, el padre Ermelindo Viganò, gran aficionado al ciclismo, fue asignado a la iglesia del santuario. Este sacerdote se convirtió en un personaje importante para que esta advocación mariana sea reconocida como patrona del ciclismo.
“Él acogió con calidez a los ciclistas visitantes y comenzó a reunir y exhibir recuerdos del ciclismo en un pequeño museo que él mismo construyó”.

En 1947, el sacerdote solicitó que la Virgen de Ghisallo fuera reconocida como patrona del ciclismo italiano. La petición fue acogida y, en 1949, Papa Pío XII la proclamó oficialmente como patrona universal de los ciclistas.
Desde entonces, el santuario recibe a deportistas de todo el mundo, muchos de los cuales llegan en bicicleta como signo de fe y agradecimiento.
