El Campeonato Nacional del College Football Playoff (CFP), celebrado el lunes 20 de enero de 2026 en el Hard Rock Stadium de Miami Gardens, Florida (Estados Unidos), congregó a más de 62 mil aficionados.
La magnitud del evento fue tal que casi 20 millones de personas lo siguieron en todo el país. Sin embargo, en medio del espectáculo y la presión, los jugadores no olvidaron quién fue el que los llevó hasta ese momento.
No es ningún secreto que gran parte de la atención mediática del fútbol americano universitario se ha centrado en el jugador de fútbol americano de Indiana, Fernando Mendoza, y con justa razón.
Fernando se ha convertido en una figura reconocida a nivel nacional, especialmente entre los católicos, por los múltiples gestos con los que ha manifestado públicamente su fe, tanto dentro del campo como desde la banca.
Su actitud y su talento sobresaliente en el juego le valieron, además, el Trofeo Heisman durante la temporada regular.
Sin embargo, Fernando Mendoza no fue el único cristiano de “renombre” presente en el campo. El mariscal de campo de Miami, Carson Beck, también ha sido abierto y constante al compartir su fe cristiana.
Su testimonio está profundamente marcado por el proceso de rehabilitación que atravesó tras romperse el ligamento colateral cubital (UCL) durante el Campeonato de la Southeastern Conference (SEC) 2024, cuando jugaba para Georgia. Tras la cirugía, la Universidad de Miami lo convenció de transferirse, y allí asumió el reto de convertirse en mariscal de campo de los Hurricanes, a pesar de que al inicio ni siquiera podía lanzar un balón de fútbol americano.
Contra todo pronóstico, Carson logró recuperarse —algo que atribuye en gran parte a su fe— y completó una temporada digna de una película, llevando a los Hurricanes a abrirse paso en los playoffs como el sembrado número 10.
En un video publicado por SportsCenter, que ya supera los seis millones de visualizaciones, se puede ver a Fernando Mendoza y a Carson Beck arrodillarse en oración en el campo antes del partido más importante de sus vidas.
Ni el dinero, ni la presión de millones de espectadores en todo el mundo, ni siquiera la magnitud del momento lograron disuadir a estos dos mariscales de campo de dar gloria al Señor en un escenario nacional.
Porque fue Dios quien les permitió estar allí, guiando a sus equipos incluso en medio de todas las pruebas y dificultades que habían enfrentado hasta ese momento.
Los usuarios de redes sociales elogiaron a ambos jugadores en los comentarios:
“De esto se trata todo, qué alegría ver algo así”.
“¡Toda la gloria sea para Dios!”.
“¡Este es el ejemplo que debe darse a nuestros jóvenes!”.
Y en momentos como este, recordamos las palabras de Mateo 6, 19 - 21:
“No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban. Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón”.
Oremos para que, sin importar a dónde se encuentren en el futuro, estos mariscales de campo sigan siendo un testimonio vivo de que, por grande que parezca el momento, Dios siempre vence y merece toda la alabanza.
