Internet ama los excesos, y la inteligencia artificial, todavía más.
La última “víctima” parece ser un grupo de obispos peruanos, cuya fotografía oficial terminó convertida por el diario La República en un meme… con sotanas de minifalda.
A primera vista, la imagen publicada por La República quiere transmitir seriedad: varios obispos posando con toda la formalidad del caso, estolas, fajines, cruces pectorales, todo en su sitio.
Pero cuando la mirada baja un poco, algo falla: las sotanas fueron recortadas.
Todo apunta a una tentación muy moderna: “arreglar” la foto con herramientas de IA hasta que quede perfecta… o por lo menos, llamativa. En este caso, la edición de La República termina deformando la realidad y se volvió una caricatura.
¿Por qué importa esto?
Algunos dirán: “Exageran, es solo una foto”.
Pero las imágenes comunican algo muy profundo, sobre todo cuando se trata de la Iglesia:
- La vestimenta litúrgica tiene un sentido simbólico y espiritual, no es un disfraz.
- La dignidad del ministerio también se refleja en cómo se representa visualmente a los obispos.
Cuando la edición es tan agresiva que deforma la realidad, como en la foto difundida por La República, se pierde parte del respeto que la imagen debería inspirar.
No se trata de negar la tecnología, sino de usarla con prudencia.
La inteligencia artificial es una herramienta, no un sacramento: no todo lo que “mejora” visualmente es bueno o honesto. Antes de publicar una foto, alguien en la redacción debería hacer la prueba del sentido común: “¿Los obispos visten minifaldas?”.
Esta es una oportunidad para recordar que, detrás de cada imagen, hay personas reales, con vocaciones reales, que merecen ser mostradas tal como son.
¿Y por qué los miembros del clero usan sotana?
La sotana es una vestidura talar (hasta los talones) cuyo nombre viene del latín subtana/subtanea, de subtus (“debajo”), pensada originalmente como prenda interior, aunque hoy es visible, y puede ser blanca, roja u otros colores según el rango y el lugar. Fue instituida por la Iglesia hacia fines del siglo V para dar a los sacerdotes un modo de vestir serio, simple y austero. No es exclusiva de ellos, pues también pueden llevarla sacristanes, monaguillos y coristas.
Además de su aspecto práctico y disciplinar, la sotana tiene un profundo simbolismo espiritual: el negro recuerda que quien la viste ha “muerto al mundo” y a sus vanidades para vivir solo de Dios, mientras que el alzacuellos blanco expresa la pureza del alma; por eso muchos autores destacan su impacto ante la sociedad, hasta el punto de que regímenes anticristianos la han prohibido.
La tradición subraya que ayuda al sacerdote a recordar constantemente su identidad, hace presente lo sobrenatural en el mundo, facilita que los fieles lo reconozcan y acudan a él, lo preserva de peligros, impone moderación en el vestir y es signo concreto de obediencia a la disciplina de la Iglesia, por lo que sigue siendo considerada un símbolo claro y fecundo del sacerdocio a lo largo de los siglos.
