En uno de los territorios más fríos y aislados del planeta, la fe también ha encontrado un hogar. En la Base Belgrano II, una estación científica argentina en la Antártida, se levanta un templo construido totalmente en hielo: la capilla de Nuestra Señora de las Nieves.

Fundada el 5 de febrero de 1979, la Base Belgrano II fue creada para continuar las investigaciones científicas iniciadas en la antigua Base Belgrano, establecida en 1955 y desactivada en 1980. Es la base permanente más austral de la Argentina y desde allí partieron dos expediciones históricas que lograron llegar al Polo Sur.

La base está ubicada en el nunatak Bertrab, a unos 1300 km del Polo Sur, en un entorno de condiciones extremas. A lo largo del año experimenta cuatro meses de noche polar y cuatro meses de día continuo, temperaturas que pueden alcanzar los –50 °C y la frecuente aparición de auroras polares.

En medio del entorno desafiante se encuentra la capilla más austral del mundo. Dedicada a Nuestra Señora de las Nieves, fue excavada directamente en el hielo y está conectada a una red de túneles que sirven para el almacenamiento de víveres.

La “capilla del fin del mundo” se convierte en un espacio de recogimiento, esperanza y encuentro con Dios. En su interior alberga dos crucifijos, un altar con la imagen de la Virgen de Luján, patrona de Argentina, y sencillas sillas para la oración.

En 2024, un retrato de Mama Antula fue entronizado en la capilla. La imagen de la primera santa argentina fue donada por el matrimonio formado por Pablo Pérez y Cristina Fernández, quienes desde 2021 recorren el país difundiendo su vida y obra con el deseo de llevarla a los lugares donde aún no es conocida.

Una experiencia pastoral bajo cero

En 2019, el capellán castrense de la Armada Argentina, padre Pablo Daniel Caballero Karanik,  compartió su experiencia pastoral en esta región extrema.

“Bajo la superficie glacial de la Base, en uno de los túneles construidos por nuestro personal, en una especie de unión entre los pioneros expedicionarios blancos y la nueva Base, allí se construyó la Capilla.
El verano es un día constante en la Antártida, el sol jamás nos abandona, en aquel lugar, al ingresar los rayos solares estivales, destellan entre los cristales de hielo y nieve, provocando un efecto lumínico como ninguno. Dios nos regala una maravilla a los ojos, dotando a la Capilla de una iluminación celestial, con una policromía en tonalidades azules, la luz se convierte el ambiente en nube, aire, cielo, provocándonos una perfecta magnificación de unión, devoción y fe”.

El padre Caballero marcó además un hito al renovar el Santísimo Sacramento en la capilla luego de más de diez años.

“Aquí deje hostias consagradas en el Sagrario más austral del mundo, fue una experiencia inolvidable, fruto de la providencia. Es indiscutible que ser protagonista de esta tarea, es admirar toda la belleza de la creación, que nos es dada por el Creador como Puente hacia la Eternidad y ella nos propone una meditación amorosa”.

Finalmente, el sacerdote subrayó que el trabajo pastoral en estas tierras inhóspitas nunca se ha detenido.

“Si bien hice mención a los nombres de los primeros Sacerdotes en arribar al continente blanco, a estas tierras polares, es de resaltar que el trabajo pastoral ha sido ininterrumpido por mis hermanos Sacerdotes, donde uno ve los frutos de tantos esfuerzos”.
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