Comenzar el año reflexionando sobre nuestra vida es una práctica valiosa. Mirar atrás y proyectar el futuro nos ayuda a renovar nuestras metas y anhelos para el 2026. Más allá de las actividades, enfoquémonos en los propósitos espirituales que nos guían día a día. La finalidad es establecer condiciones que le den sentido cristiano al año que empieza.
El "porqué" de nuestras acciones
No se trata solo de preguntarnos qué hacemos, sino por qué lo hacemos. Está en juego nuestra felicidad. Este enfoque puede transformar el sentido de nuestra vida cotidiana. Vale la pena cuestionarnos:
- ¿Qué virtudes queremos fortalecer?
- ¿Cómo podemos crecer espiritualmente mientras fortalecemos nuestro carácter y desarrollamos nuestra personalidad?
1. La Epifanía y el Bautismo como guías
Recientemente celebramos la Epifanía y el Bautismo del Señor, dos festividades que iluminan nuestro camino espiritual. A partir de estos misterios de la vida de Jesús, podemos reconocer tres actitudes diferentes que podemos tener ante la vida:
- Herodes y las exigencias de la fe: Al igual que Herodes, a veces resistimos las demandas de nuestra fe debido a compromisos y renuncias. Herodes estaba dispuesto a matar a ese niño que había nacido con tal de no perder su poder. Preguntémonos: ¿Qué nos impide vivir plenamente como cristianos? ¿Qué prioridades ponemos por encima de Cristo, incluso cuando sabemos que Su amor debe ser lo primero?
- Los sacerdotes y la incoherencia: Los sacerdotes conocían las profecías, pero no actuaron. De manera similar, podemos caer en la comodidad. Reflexionemos sobre nuestra generosidad con Cristo y los obstáculos que nos alejan de Él. Vivir una relación de amor con Jesús requiere esfuerzo y compromiso. ¿Ponemos nuestra relación y amor a Cristo sobre todas nuestras cosas o nos cuesta desprendernos de nuestros intereses personales?
- Los Reyes Magos y el compromiso: Los Reyes Magos siguieron la estrella sin importar las dificultades. ¿Estamos dispuestos a dejar todo por Cristo, incluidos nuestros vicios y pecados? No sigamos poniendo excusas para nuestra santidad, recordemos que la única certeza es que algún día dejaremos este mundo.
Los Reyes Magos sin seguridades humanas y con una confianza absoluta persiguieron una esperanza. A diferencia de ellos, los cristianos no solo tenemos esperanza, sino la certeza de la fe, fundada en la victoria de Cristo sobre la muerte. ¿Qué más nos hace falta para confiar y ponernos radicalmente al servicio del Señor?
2. La conversión continua
El Bautismo del Señor nos recuerda que la vida es una carrera de resistencia. Nos invita a una conversión constante, renovando diariamente el perdón y esforzándonos por acercarnos más a Jesús. Este sacramento nos regenera en Cristo, y debemos vivir acorde a nuestra nueva naturaleza. Día tras día acoger su Gracia, renovar nuestro anhelo de santidad y esforzarnos por ser cada vez más como Cristo.
3. Vivir nuestra nueva vida en Cristo
Como dice el dicho: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Aunque ya recibimos la Gracia del Bautismo, debemos cooperar con el Espíritu. Y se trata de un ejercicio que viviremos a lo largo de toda nuestra vida. No juguemos con nuestra salvación. Estamos con Cristo o en contra de Él; no hay términos medios. Recordemos que la tibieza no es parte de nuestra relación con Dios. Sino recordemos el pasaje del Apocalipsis 3, 16.
"Ahora bien, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca".
Estas reflexiones nos invitan a un examen de conciencia serio para comenzar el 2026 con un corazón renovado.
