Todos deseamos ser felices, ¿no? Jesús nos promete que si lo seguimos, ¡podremos vivir el “ciento por uno” ya aquí en la tierra! (cf. Mateo 19, 29). Y ese camino empieza con el Bautismo, el primer paso para ser verdaderos discípulos suyos.
A veces olvidamos lo que ese Sacramento significa. Pero ser cristiano no es solo “estar bautizado”, sino vivir el Bautismo cada día. Aquí te contamos por qué recibirlo desde pequeños es un regalo enorme:
1. Recibimos al Espíritu Santo
Desde el Bautismo, el Espíritu Santo empieza a actuar en nosotros. Aunque un bebé no entienda mucho todavía, su alma ya recibe esa fuerza divina que lo ayudará a crecer en la fe y a parecerse más a Jesús.
2. Entramos a la gran familia de la Iglesia
En el Bautismo pasamos a formar parte del Cuerpo de Cristo: la Iglesia. ¡Desde pequeños entramos en comunión con todos los santos del cielo y los cristianos del mundo! No estamos solos: tenemos toda una familia espiritual que reza y camina con nosotros.
3. Se borra el pecado original
Nacemos separados de Dios por el pecado original, pero el Bautismo limpia esa herida y nos llena de su gracia. Aunque la inclinación al mal queda, ya no estamos lejos de Dios: ¡Él nos da un corazón nuevo!
4. Nos convertimos en hijos adoptivos de Dios
Gracias al Bautismo somos hermanos de Cristo y, por eso, hijos de Dios Padre. Es un cambio radical: ya no solo somos criaturas suyas, ¡somos parte de su familia! El Catecismo (n. 1265) lo explica claramente: somos hechos una nueva creación en Cristo.
5. Ganamos una Madre en el Cielo
Si somos hermanos de Jesús, entonces María también es nuestra Madre. Ella intercede y cuida de nosotros desde el cielo, especialmente cuando somos más pequeños y necesitamos amparo. ¿Hay mamá más amorosa que la Virgen María?
Un gracias con el corazón
Si fuiste bautizado de bebé, ¡agradece a tus papás! Te dieron el mejor regalo posible: la vida nueva en Cristo. Y si eres papá o mamá, no dudes en hacer lo mismo por tus hijos. El Bautismo no es una tradición… ¡es el comienzo de una vida de gracia!
“Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1213).
