Vivir con el deseo de ser felices o de alcanzar la paz no es algo espontáneo, es un hábito que podemos construir a base de pequeños cimientos diarios. Cuando tenemos la consciencia de que Dios nos llama a ser felices, nuestra vida cambia; tal vez no de manera externa o drástica, pero sí adquiere una luz nueva. 

Para asumir este llamado con seriedad, es importante implementar en nuestra vida 5 hábitos fundamentales:

1) Ser hijos

Como hemos sido creados de la misma naturaleza divina, reconocer que venimos de Dios nos mueve a vivir conforme a lo que somos: sus hijos. Buenos hijos, que confían, que se abandonan, que saben que nunca van solos, que son amados desde la eternidad y llamados a la eternidad. Pero, sobre todo, hijos que se dejan amar por su Padre.

Y junto a esta filiación divina, somos también hijos de María. Ella nos conduce de la mano a Jesús y nos enseña a recorrer este camino de dejarnos amar por Dios y de responder a su amor. Ella nos enseña el rostro de su Hijo para que nos asemejemos a él.

2) Hacer oración

En síntesis, hablar con Dios. Un diálogo, una conversación, un espacio abierto a la escucha. Vivir nuestra vida junto a Dios, implica estar con Él, compartir la vida. Nadie ama lo que no conoce, por eso la oración debe ser para nosotros el espacio donde lo conocemos, donde nos acercamos a Él y aprendemos a amarlo.

Como sabemos que Él nos ama y quiere nuestra felicidad, la oración se convierte en respuesta a ese amor: dejarlo entrar en nuestra vida para que, estando a solas con quien nos ama, logremos una bonita amistad, como decía Santa Teresa de Jesús.

3) Dedicar tiempo para conocer a Dios

Todo lo que hacemos cobra sentido cuando responde a nuestro propósito más grande: alcanzar la perfección en el amor. Esto implica tener en nuestra vida mucho más que lindos sentimientos. Involucra responsabilidades, deberes, el cumplimiento de algunas normas… pero todo con amor, o si no, será puro voluntarismo.

De alguna forma, cada hábito es una manera de concretar este deseo: que toda nuestra existencia esté orientada a Dios. En la medida en la que crezca nuestro conocimiento de Dios y de lo que quiere para nuestra vida, podremos obrar con más conciencia para ser felices. Por eso, es fundamental dedicar tiempo diario a nuestra formación en la fe, para vivir cada vez más según ella. 

4) Hacer todo por amor

Podemos desanimarnos cuando miramos nuestra realidad y solo vemos tareas cotidianas, rutinarias, quizás algo aburridas, y no grandes oportunidades de heroísmo para demostrar nuestro gran amor a Dios. Sin embargo, el Señor se hace presente en las cosas más pequeñas: en la cocina, en los correos electrónicos, en las clases, en los silencios, en las personas con las que me encuentro cada día.

Todo adquiere sentido cuando se realiza por y con amor. Al estar hecho con amor está bien hecho. Y aunque a veces lo intentemos y no salga como esperamos,  Dios mira nuestra intención.

5) Servir a los demás

Nuestra relación con Dios no nos aleja de los demás, por el contrario, nos invita a servirlos. Si nos amamos lo suficiente como para querer nuestro bien y nuestra felicidad, ¿no desearemos la misma plenitud para los demás?

Debería importarnos caminar hacia la felicidad llevando con nosotros a muchos otros. Esto significa hablar de Dios y de las cosas de Dios, con la palabra y con el ejemplo, pero también desde nuestra oración discreta por los demás. Tiene mucho peso lo que hacemos, lo que pedimos y lo que ofrecemos por los demás.

Después de incorporar estos hábitos en nuestra vida, siempre es bueno preguntarse: ¿cómo podemos cada día, amar más y mejor?

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