En los últimos meses, León XIV ha dedicado una parte significativa de su enseñanza a la liturgia. Entre mayo y agosto de 2026, sus catequesis de los miércoles recorrieron la constitución Sacrosanctum Concilium, del Concilio Vaticano II, y abordaron puntos importantes como la reforma litúrgica, los signos, la oración de la Iglesia, la música sacra y la participación de los fieles.
En su catequesis, el Papa nos invita a redescubrir qué es realmente la liturgia y cómo debemos celebrarla. Estas son cinco de sus ideas más importantes:
1. La liturgia no es un espectáculo
Para León XIV, lo primero es recuperar el centro de la liturgia: Jesucristo. Al iniciar sus catequesis sobre Sacrosanctum Concilium, explicó que el Concilio Vaticano II no quiso simplemente cambiar unos ritos por otros, sino ayudar a la Iglesia a profundizar en su vínculo vivo con el misterio de Cristo. En la liturgia, afirmó, "se ejerce la obra de nuestra Redención".
Esto cambia nuestra manera de vivir la Misa. No vamos a escuchar algo, cantar unas canciones y cumplir una obligación, vamos a entrar en comunión con Cristo y a participar en su obra salvadora.
2. La reforma litúrgica debe entenderse como continuidad
Uno de los puntos más interesantes de su enseñanza es la relación entre tradición y reforma. León XIV nos recuerda que la Iglesia es un organismo vivo y que la liturgia puede desarrollarse con el paso del tiempo. Precisamente por eso, considera legítima la reforma emprendida por el Vaticano II. Sin embargo, el desarrollo no significa inventar desde cero: debe conservarse la integridad de la fe y la continuidad con la tradición de la Iglesia.
Por eso, el Papa no presenta la discusión litúrgica como una batalla entre "lo antiguo" y "lo moderno". La pregunta fundamental es otra: ¿cómo podemos celebrar la Eucaristía de forma fiel al misterio de Cristo y a la tradición viva de la Iglesia?
3. Los ritos importan: los gestos también hablan de nuestra fe
¿De verdad importa cómo hacemos la genuflexión? ¿Por qué existen determinados gestos, palabras, silencios o signos? En su catequesis del 3 de junio explicó que los ritos no son un simple revestimiento exterior ni un conjunto arbitrario de ceremonias. Son el modo en que, mediante signos y oraciones, la Iglesia nos introduce en el misterio que celebra.
La liturgia se aprende también con el cuerpo. Arrodillarse, permanecer de pie, guardar silencio, escuchar la Palabra, cantar o responder no son gestos vacíos; bien vividos, nos ayudan a entrar en aquello que estamos celebrando.
4. Participar no significa "hacer cosas"
Una palabra que puede resultar confusa es participación. El Papa León insiste en este punto, pero su enseñanza apunta mucho más lejos que repartir tareas durante la Misa. Participar significa unir nuestra vida a Cristo, ofrecer nuestra vida junto con Él y dejar que la liturgia transforme nuestro corazón.
La oración litúrgica no es una experiencia privada: es la oración de toda la Iglesia animada por el Espíritu Santo. Podemos ser lectores, cantores, monaguillos o no desempeñar ningún ministerio y, sin embargo, participar profundamente en la liturgia. La verdadera participación comienza cuando lo que celebramos cambia nuestra vida.
5. Belleza, música y formación
León XIV ha dedicado especial atención a la música sacra. En agosto explicó que cantar en la liturgia no es simplemente "poner música" a la celebración: cantar y tocar también es rezar. La música debe favorecer la oración, la unidad de la asamblea y la dignidad del misterio celebrado.
Además, el Papa considera imprescindible la formación litúrgica. En una carta al Cardenal Arthur Roche, con ocasión de una conferencia sobre liturgia, insistió en la necesidad de formar tanto al clero como a los laicos para revitalizar la vida litúrgica de la Iglesia. No basta con vivir la Misa "correctamente", se trata de entender lo que celebramos para poder llevarlo a nuestra cotidianidad.
La liturgia no necesita convertirse en algo diferente para volver a ser apasionante, necesitamos descubrir de nuevo lo que sucede en ella.
Cristo está en el centro, la tradición importa, los signos tienen sentido, la participación es interior y comunitaria. La belleza de la celebración litúrgica debe ayudarnos a encontrarnos con Dios, no limitarse a ser un rito repetitivo, sino un misterio que se celebra.
*Estos puntos han sido tomados de las catequesis de León XIV del 20 y 27 de mayo, 3 de junio, 5, 19 y 26 de agosto de 2026, además de su carta al Cardenal Arthur Roche del 29 de junio de 2026.
