4 santos que murieron defendiendo el matrimonio

El matrimonio ha sido siempre una institución blanco de ataques. Su defensa ha dado muchos mártires a la Iglesia.

Estas son algunas historias inspiradoras:

San Juan Bautista

Según los Evangelios, el rey Herodes se había divorciado de su esposa y tomó a la mujer de su hermano. San Juan Bautista advirtió a Herodes que estaba cometiendo un grave pecado.

Ante sus críticas, Herodes mandó arrestarlo. La Escritura dice que Herodes “quería matar a Juan, pero tenía miedo del pueblo, pues lo consideraban un profeta” (Mateo 14,5). Sin embargo, cuando su hijastra Salomé pidió la cabeza de Juan en una bandeja tras deslumbrarlo en una fiesta, Herodes ordenó decapitar al Bautista.

San Juan Fisher y Santo Tomás Moro

Enrique VIII, rey de Inglaterra del siglo XVI, quería un hijo desesperadamente. Después de muchos años tratando, decidió divorciarse de su esposa, Catalina de Aragón, pues la culpaba por no tener la descendencia deseada, y quiso casarse de nuevo.

El divorcio no está permitido en el catolicismo; aun así, el rey pidió que su matrimonio fuera anulado por el Papa. Este revisó el caso y determinó que la anulación no era legítima.

El Obispo Juan Fisher (que fue nombrado cardenal, poco antes de su ejecución), defendió a la reina Catalina con fuerza. Fue llamado al tribunal y declaró que, al igual que San Juan Bautista, estaba dispuesto a morir para defender la indisolubilidad del matrimonio.

Con el rey Enrique ganando cada vez más poder, Santo Tomás Moro, uno de los estadistas de mayor confianza del rey Enrique, renunció a su cargo en el gobierno, y se declaró en contra la unión del rey con su nueva esposa.

Tras casarse con Ana Bolena, el rey obligó a todos a hacer un juramento declarando que él era el Jefe Supremo de la Iglesia en Inglaterra, y no el Papa.

Todos los que deseaban conservar la amistad con el rey, sus puestos en el gobierno y en la Iglesia, lo apoyaron. Siendo así, el rey llamó a Tomás Moro y le pidió que hiciera el juramento. Tanto él como Juan Fisher se negaron y fueron arrestados, declarados culpables y decapitados.

San Nicolás Magno, Papa

Era el siglo noveno, y el rey Lotario II de Francia quería divorciarse de su esposa y casarse con otra mujer. Sobornó a un representante del Papa y consiguió un concilio de obispos locales para aprobar la anulación de su matrimonio.

Cuando el Papa Nicolás supo lo que sucedió, convocó una reunión en Roma, y ​​participaron de ella dos obispos que habían permitido la anulación fraudulenta. El pontífice confirmó que la anulación era ilícita y depuso a los dos arzobispos.

Enfurecido, el rey Lotario II envió sus ejércitos a Roma, tomó el control de la ciudad, y exigió que el Papa reconociera la anulación. El Papa quedó preso en la basílica de San Pedro durante días sin comer, pero se negó a ceder.

La emperatriz Engelberga del Sacro Imperio Romano convenció al Rey Lotario II de abandonar la ciudad. El Papa Nicolás nunca concedió dicha anulación y pasó el resto de su vida tratando de reconciliar al rey con su verdadera esposa.

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