¿Cómo invocaba San Agustín de Hipona a la Santísima Trinidad?

Fuente: Claudio Coello / Wikipedia

Hoy celebramos a uno de los más grandes santos de la Iglesia, a San Agustín de Hipona. Este santo logró comprender la fe de una manera extraordinaria y dejó muchos escritos para guiar a todos los cristianos a comprender el amor de Dios. 

Meditaciones

Dentro de todos sus escritos, sus “Meditaciones” es uno de los más famosos. En este cualquier cristiano puede aprender sobre su vida y forma de pensar, y encontrar ahí alguna luz sobre cómo adorar a Dios.

Dentro de este libro, existen oraciones e invocaciones de San Agustín hacia la Iglesia celestial, hacia los Santos y hacia el mismo Dios. Una de ellas fue su invocación a la Santísima Trinidad, que se encuentra en el capítulo 31 de este manuscrito.

Invocación a la Santísima Trinidad de San Agustín 

“La fe que en tu bondad me concediste para mi salvación es la que te invoca, oh Señor; porque el alma fiel vive de la fe, y ya posee en esperanza lo que algún día verá en la realidad.

Te invoco, oh Dios mío, con toda la pureza de mi conciencia, con todo el ardor de la fe que tú me diste por tu dulce amor, y mediante la cual, después de haber disipado las tinieblas que rodeaban mi espíritu, me hiciste llegar al conocimiento de tu eterna verdad. 

Esa fe, oh Señor, la llenaste Tú de suavidad y dulzura, haciéndome renunciar, por el inefable dulzor de tu amor, a los falsos gozos de este mundo que dejan detrás de sí tantas amarguras.

Oh bienaventurada Trinidad, te invoco con alta voz y con el sincero amor de la fe, con la que (mediante la luz de tu gracia) alimentaste y alumbraste mi alma desde mi más tierna infancia, y que fortaleciste después con las instrucciones de la santa Iglesia, nuestra madre. Yo te invoco, oh Trinidad bienaventurada, bendita y gloriosa, Padre, Hijo y Espíritu Santo; Dios único, Señor consolador de las almas: caridad, gracia y celestial inspiración. 

Padre eterno, Verbo engendrado por el Padre, Espíritu Santo, divino regenerador; luz verdadera, luz verdadera de la luz, iluminación verdadera; fuente, río y riego; Padre eterno, principio de todo ser creado; Verbo eterno por el que todo ha sido creado; Espíritu Santo en el que todo ha sido creado. Todo viene del Padre, todo existe por el Hijo, todo existe por el Espíritu Santo. 

Tú eres la vida por esencia, oh Padre todopoderoso; Verbo increado, tú eres la vida engendrada desde toda la eternidad; tú eres, oh Espíritu Santo, el vínculo y el centro de todo lo viviente. 

Padre omnipotente, tú existes por ti mismo; Hijo divino, tú has sido engendrado por el Padre; Espíritu Santo, tú procedes del Padre y del Hijo. Por sí mismo el Padre es el que es; por el Padre el Hijo es el que es; por el Padre y el Hijo el Espíritu Santo es el que es. El Padre es verdadero, el Hijo es la misma verdad, el Espíritu Santo es también la verdad. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo tienen, pues, una misma esencia, un mismo poder y una misma bondad”. 

¡Amén!

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