Las 3 “armas” que dio el Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita M. de Alacoque

Fuente: Torreciudad Twitter

Santa Margarita María de Alacoque fue la religiosa que tuvo, a sus 24 años, varias visiones donde Cristo se le presentaba y le enseñaba sobre su Sagrado Corazón.

En cada una de estas visitas le mostró su amor y compasión por la humanidad, además de 12 promesas a aquellos que son sus fieles para bendecirlos y salvarlos en el último momento de sus vidas.

En distintas reuniones con el Sagrado Corazón, Cristo le enseñó 3 “armas” para el combate espiritual. Aquí te las compartimos:

1. Intenciones rectas para rechazar la tibieza y cobardía

En una ocasión Cristo le dijo:

Sabed que soy un Maestro santo, y enseño la santidad. Soy puro, y no puedo sufrir la más pequeña mancha. Por lo tanto, es preciso que andes en mi presencia con simplicidad de corazón en intención recta y pura.

Pues no puedo sufrir el menor desvío, y te daré a conocer que si el exceso de mi amor me ha movido a ser tu Maestro para enseñarte y formarte en mi manera y según mis designios, no puedo soportar las almas tibias y cobardes, y que si soy manso para sufrir tus flaquezas, no seré menos severo y exacto en corregir tus infidelidades”.

2. Obediencia, para rechazar las acciones del demonio

Un día, cuando Él regañaba a Santa Margarita por sus desobediencias, le dijo:

Yo rechazo todo eso como fruto corrompido por el propio querer, el cual en un alma religiosa me causa horror, y me gustaría más verla gozando de todas sus pequeñas comodidades por obediencia, que martirizándose con austeridades y ayunos por voluntad propia”.

En otra ocasión le dijo:

Oye hija mía, no creas a la ligera todo espíritu, ni te fíes, porque Satanás está rabiando por engañarte. Por eso, no hagas nada sin permiso de los que te guían, a fin de que, contando con la autoridad de la obediencia, él no pueda engañarte, ya que no tiene poder alguno sobre los obedientes”.

3. Aferrarse al amor y Cruz de Cristo

En otra ocasión, cuando Santa Margarita comulgó un domingo, se le presentó una visión de una Cruz llena de flores. Cristo le dijo:

He ahí el lecho de mis castas esposas, donde te haré gustar las delicias de mi amor; poco a poco irán cayendo esas flores, y solo te quedarán las espinas, ocultas ahora a causa de tu flaqueza, las cuales te harán sentir tan vivamente sus punzadas, que tendrás necesidad de toda la fuerza de mi amor para soportar el sufrimiento”.

Es decir, que para sobrevivir las tentaciones del demonio necesitamos del amor de Dios, y Él permite los dolores y dificultades que sentimos al momento de acercárnosle para que tengamos más ganas de su amor y de querer estar siempre con Él, fuente de nuestra salvación.

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