5 herejías que deberías evitar sobre la Santísima Trinidad

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El Domingo de la Santísima Trinidad se celebra un domingo después de Pentecostés. Es un día especial en el que los cristianos estamos llamados a profundizar en este gran misterio de la fe cristiana: la Trinidad. Sólo hay un Dios, que se ha revelado a nosotros en tres personas, co-iguales, co-eternas, el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo.

La doctrina de la Trinidad es sin duda la doctrina más importante de la Iglesia, ya que se refiere a la naturaleza misma de Dios. Sin embargo, es también es una de las doctrinas más confusas y peor entendidas. Así que este Domingo de la Trinidad es un buen momento para que los sacerdotes puedan aclarar conceptos erróneos entre su rebaño.

Así que, por favor, ¡No agreguen más confusión predicando accidentalmente alguna herejía!

Desde que me uní a la Iglesia católica hace 5 años, me he decepcionado más de una vez al escuchar algunas herejías trinitarias predicadas desde el púlpito por algún bien intencionado sacerdote.

Si bien es cierto, hay muchas maneras de confundir conceptos con respecto a la Trinidad, aquí están 5 herejías comunes que deberías evitar.

1) Negar que el Espíritu Santo es una persona

Una vez escuché a un pastor predicando que la Trinidad es “dos alguien y un algo.” En realidad, la Trinidad es tres alguien: el Espíritu Santo es una persona, tanto como el Padre y el Hijo. El Espíritu Santo no es una “fuerza”, y tampoco simplemente “acciones de Dios en el mundo”. Él es una persona completa y distinta.

Esto es fácil de olvidar ya que su nombre no es tan personal como “Padre” e “Hijo”, y es a menudo representado como cosas no personales, como la paloma. Por tal razón, es importante que los sacerdotes no se sumen a esta confusión.

[Ver: 5 cosas que deberías saber sobre el Espíritu Santo]

2) Modalismo

El modalismo es una antigua herejía trinitaria la cual decía que las tres personas de la Trinidad sólo son tres modos o máscaras que que Dios va cambiando. Según esta herejía, a veces Dios está en modo de Padre, a veces se cambia a modo Hijo, y otras veces está en modo Espíritu Santo; y solo puede estar en un modo a la vez.

Por lo general, esto es accidentalmente predicado cuando se compara a la Trinidad con una persona que tiene múltiples funciones. Un hombre hombre que actúa como empleado en el trabajo, como marido de su esposa y como padre de sus hijos.

Esto ciertamente simplifica las cosas, pero también es un error: la enseñanza ortodoxa es que las tres personas de la Trinidad existen eternamente y al mismo tiempo. Las personas no son sólo diferentes puestos de trabajo.

3) El Dios del Antiguo Testamento es solo el Padre

El Hijo y el Espíritu Santo se revelan más claramente en el Nuevo Testamento, pero eso no quiere decir que no estaban allí antes de eso. Las tres personas de la Trinidad, entre ellos el Hijo y el Espíritu Santo, existen eternamente y actúan junto al Padre en perfecta armonía.

Eso significa que el Dios revelado en el Antiguo Testamento es el mismo Dios que se encarnó en la persona de Jesús. El Dios cuyas palabras y acciones se registran en el Antiguo Testamento es el mismo Dios que, después de asumir una naturaleza humana, predicó el sermón de la montaña.

4) Triteísmo

Así como es importante hacer hincapié en las tres personas, también es imprescindible que quede claro que los católicos creen que solamente hay un solo Dios. De hecho, la primera línea del Credo es: “Creemos en un solo Dios …”

Ten cuidado con tu lenguaje. Las tres personas de la Trinidad son Dios, pero no son tres dioses. Más bien, ellos comparten la misma sustancia divina (o, como dice el Credo sobre el Padre y el Hijo, son “consustanciales”).

Tres personas, una sola sustancia divina. Ese es el lenguaje aprobado por la Iglesia.

5) Cambiando o alterando el género

La revelación divina nunca se refiere a Dios como “la madre, la hija y el Espíritu.” Y si bien puede ser exacto, la Escritura tampoco nos da la fórmula “Creador, Redentor y Santificador.” La Escritura da el nombre de Dios como “Padre, Hijo y Espíritu Santo “.

Sí, la primera persona de la Trinidad es nombrado en la Escritura (¡por el propio Jesús!) como “Padre”. A pesar del lenguaje maternal que se utiliza en ocasiones para describir a Dios, Él nunca se le dio el nombre “Madre”. La segunda persona de la Trinidad es llamada “Hijo”, y al asumir la naturaleza humana fue un hombre.

Por supuesto, Dios como Dios no tiene género (aunque Dios como un ser humano en Jesús lo tiene). Pero además del hecho de que estos términos fueron revelados por Dios mismo para describirse a sí mismo, este lenguaje también tiene un significado teológico importante.

Dios es Padre en su relación con la creación, ya que Dios creó el mundo, aparte de sí mismo (similar a cómo un padre humano está involucrado en la procreación de sus hijos). El principio femenino, por el contrario, es receptivo, y así se identifica a la creación ( “Madre Tierra”) y la Iglesia ( “Madre Iglesia”).

Hay más que se puede decir aquí, pero basta con decir que Dios sabía lo que estaba haciendo cuando se describió a sí mismo con el género masculino. Por eso nosotros seguiremos describiéndolo así.

¿Entonces qué debemos predicar?

Una de las más grandes articulaciones sobre la doctrina de la Trinidad es el Credo de San Atanasio. Aunque lleva en el título el nombre del gran defensor de la ortodoxia trinitaria y héroe de la fe San Atanasio, la mayoría de los estudiosos creen hoy que dicho credo fue escrito unos pocos siglos después de su muerte. Pero con independencia de quién lo escribió, es una profesión clara y completa de la fe aprobada y utilizada por la Iglesia durante más de un milenio.

Credo de San Atanasio:

Todo el que quiera salvarse, ante todo es menester que mantenga la fe Católica; el que no la guarde íntegra e inviolada, sin duda perecerá para siempre.

Ahora bien, la fe católica es que veneremos a un solo Dios en la Trinidad, y a la Trinidad en la unidad; sin confundir las personas ni separar las sustancias.

Porque una es la persona del Padre y el Hijo y otra (también) la del Espíritu Santo; pero el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo tienen una sola divinidad, gloria igual y coeterna majestad.

Cual el Padre, tal el Hijo, increado (también) el Espíritu Santo; increado el Padre, increado el Hijo, increado (también) el Espíritu Santo; inmenso el Padre, inmenso el Hijo, inmenso (también) el Espíritu Santo; eterno el Padre, eterno el Hijo, eterno (también) el Espíritu Santo.

Y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno, como no son tres increados ni tres inmensos, sino un solo increado y un solo inmenso. Igualmente, omnipotente el Padre, omnipotente el Hijo, omnipotente (también) el Espíritu Santo; y, sin embargo no son tres omnipotentes, sino un solo omnipotente.

Así Dios es el Padre, Dios es el Hijo, Dios es (también) el Espíritu Santo; y, sin embargo, no son tres dioses, sino un solo Dios; Así, Señores el Padre, Señor es el Hijo, Señor (también) el Espíritu Santo; y, sin embargo, no son tres Señores, sino un solo Señor; porque así como por la cristiana verdad somos compelidos a confesar como Dios y Señor a cada persona en particular; así la religión católica nos prohíbe decir tres dioses y señores.

El Padre, por nadie fue hecho ni creado ni engendrado. El Hijo fue por solo el Padre, no hecho ni creado, sino engendrado. El Espíritu Santo, del Padre y del Hijo, no fue hecho ni creado, sino que procede.

Hay, consiguientemente, un solo Padre, no tres padres; un solo Hijo, no tres hijos; un solo Espíritu Santo, no tres espíritus santos; y en esta Trinidad, nada es antes ni después, nada mayor o menor, sino que las tres personas son entre sí coeternas y coiguales, de suerte que, como antes se ha dicho, en todo hay que venerar lo mismo la unidad de la Trinidad que la Trinidad en la unidad. El que quiera , pues, salvarse, así ha sentir de la Trinidad.

Pero es necesario para la eterna salvación creer también fielmente en la encarnación de nuestro Señor Jesucristo. Es, pues, la fe recta que creemos y confesamos que nuestro Señor Jesucristo, hijo de Dios, es Dios y hombre.

Es Dios engendrado de la sustancia del Padre antes de los siglos, y es hombre nacido de la madre en el siglo: perfecto Dios, perfecto hombre, subsistente de alma racional y de carne humana; igual al Padre según la divinidad, menor que el Padre según la humanidad. Mas aun cuando sea Dios y hombre, no son dos, sino un solo Cristo, y uno solo no por la conversión de la divinidad en la carne, sino por la asunción de la humanidad en Dios; uno absolutamente, no por confusión de la sustancia, sino por la unidad de la persona.

Porque a la manera que el alma racional y la carne es un solo hombre; así Dios y el hombre son un solo Cristo. El cual padeció por nuestra salvación, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos, está sentado al adiestra de Dios Padre omnipotente, desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos, y a su venida todos los hombres han de resucitar con sus cuerpos y dar cuenta de sus propios actos, y los que obraron bien, irán a la vida eterna; los que mal, al fuego eterno.

Esta es la fe católica y el que no la creyere fiel y firmemente no podrá salvarse.

[Ver: Trivia: ¿Eres un hereje?

[Ver: 5 cosas que deberías saber sobre el Espíritu Santo]

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