La ingeniosa lección del Cura Brochero a un padre irresponsable

Wikipedia / Dominio Público

En cierta ocasión, había una diferencia entre dos vecinos, motivada por la tenencia de un potrillo. Cada uno de los cuales alegaba el derecho de propiedad. Para dilucidar el caso y hacer la paz entre los vecinos, el cura Brochero les pidió a cada uno que trajeran al patio de la casa parroquial las yeguas de su propiedad y el potrillo en litigio, citando, además, a otro vecino que había seducido a una muchacha que había dado a luz a un hijo.

Ubicando a cada uno de los litigantes en puestos distantes del patio con sus respectivas yeguas, pidió al vecino seductor que se ubicase en el medio, teniendo el potrillo en discordia y posteriormente dio órdenes de soltar las yeguas, una de las cuales quedó pastando, cerca de donde estaba ubicada, mientras que la otra corrió a acariciar el potrillo. En presencia de lo cual, el Cura estableció cuál era la verdadera madre del potrillo en litigio.

Después de amonestar a quien había pretendido apropiarse ilícitamente del animalito, pidió al tercer vecino que lo acompañara a otro lugar, donde, hablando a solas con él, le preguntó si se había dado cuenta de lo que había hecho la madre del potrillo, y, ante el asentimiento de aquel, indicando que había reconocido al hijo, le manifestó que tenía que hacer lo mismo respecto del hijo de la mujer que él había seducido, y, frente a las reticencias de éste, le manifestó:

“Hijo, tú no puedes ser más animal que la yegua que ha reconocido a su propio hijo, y, por lo tanto, tú debes proceder de idéntica manera y normalizar tu vida casándote, para lo cual yo mismo te ofrezco la ayuda que tú necesites”

Publicado originalmente aquí.

[Ver: ¿Reconoces a estos santos cuando eran niños?]

[Ver: ¿Qué pensaban los Santos de la Santa Misa?]

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